Por qué la unidad con Ricardo Belmont


Ricardo Belmont y Vladimir Cerrón

Vladimir Cerrón

(02.07.18). Pareciera que fuéramos diferentes, pero las circunstancias permitieron que nos encontráramos en el camino político. Algunos creen equívocamente que el político tiene jubilación a lo largo de su carrera o de su vida, Belmont es una muestra de que tal inferencia no es real.

Conversamos un año antes para llevar el proyecto de la candidatura y el fortalecimiento del partido en la capital. Me manifestó que si un partido no logra la presencia en Lima, su repercusión política sería débil por más revolucionarias propuestas que tuviera, me dijo que ideas brillantes todos la teníamos, el asunto era cómo “vender” esas ideas.

Tenía mucha razón y convalidé sus apreciaciones con las frases de Vladimir Putin: “Si quieres conquistar Rusia, tienes que ir a Moscú”, recogidas del libro de Peter Truscott. Bajo este preámbulo se fueron desarrollando fructíferamente las negociaciones entre Perú Libertario y el Movimiento Cívico Nacional Obras.

Desde el primer momento nos advirtió que no nos confundiéramos que el Belmont actual no era el mismo de las décadas anteriores, donde podría hacer gala de sus medios de comunicación como la TV y la radio, menos contáramos económicamente con él si esas eran las pretensiones.

Sus condiciones nos caían como llave en una cerradura, pues no nos interesaban sus bienes que pudiera tener, sino su pedagogía política, su forma crítica, directa y sustentada de la realidad peruana bajo la lupa de un hombre experimentado en la materia.

Nos dio todas sus herramientas entre ellas sus diez vigas maestras que no es más que una modalidad distinta a nuestro programa de gobierno, en la forma más no en el contenido. Intercambiamos libros, autoría intelectual de cada uno de nosotros y nos fuimos conociendo cada vez más, antes de hacer pública nuestra fusión.

Pero Belmont, tampoco es ingenuo y dedicó algún tiempo a investigarnos, como exgobernante, profesional y dirigente del partido, y creo que se fue convenciendo que nuestra única vocación en la política estaba encuadrada dentro de antecedentes históricos, una ideología y no un negocio o empresa política.

Estoy convencido de que la postura adoptada por Belmont, ya es una postura de izquierda, es más, él mismo me lo ha dicho que dentro de su propia familia y entorno muy cercano está considerado como una especie de comunista incomprendido. Estoy seguro que esta postura es lo que lo mantiene como un hombre en el alma popular.

También estoy seguro que convalidó que estábamos distanciados de la caviarada o el tráfico de la vieja izquierda. Algunas veces tuvo la tolerancia pertinente para soportar mi léxico marxista, que sé que no es del agrado de él.

Luego de conversaciones con su equipo técnico y el nuestro, decidimos dar pase a la alianza, término que personalmente no me gustaba y le sugerí cambiarlo por el vocablo unidad, que suena más cristalino.

Belmont me ha dicho que esta es su última participación política en su vida, pero yo no le creo, sé que tiene para más, porque hombres como él, pese a su status de marqués, pero con humildad de obrero, tienen el derecho de seguir trascendiendo en la historia.